Las curiosidades que esconde Alicia en el país de las maravillas

Todos conocemos la popular historia de Lewis Carroll. Alicia en el país de las maravillas ha ganado una enorme popularidad, sobrepasando el público infantil al que en principio está dirigido. La genialidad de su autor dio lugar a unos personajes con los que cualquiera de nosotros no tiene tiempo para aburrirse. Pero lo que no conocen algunos amantes de ésta historia es las múltiples curiosidades que han envuelto a la obra. Por ello, para deleite de los curioso, en ésta ocasión les añadiremos unas cuantas que ejemplifican lo peculiar de dicha obra.

¿Alicia censurada?

Alicia en el país de las maravillas fue un libro censurado en China. Es tristemente común escuchar que muchos libros de filosofía han pasado por este proceso a causa de las ideas que profesan. Pero ¿por qué este cuento infantil?, ¿qué había de peligroso en él?

Lo cierto es que tras una historia aparentemente inocente y hecha con animo de divertir se esconde mucha filosofía de la mano de un brillante lógico, Carroll. Pero en el caso que nos referimos curiosamente fue prohibido en la provincia de Hunan, China, en 1931, bajo el alegato de que “es terrible situar a animales y humanos al mismo nivel”. La protesta hacía especial hincapié en el hecho de que pudieran comunicarse entre especies.

Lo cierto es que ahora estamos acostumbrados por otras historias de fantasía, pero ésto era toda una novedad en Carroll. Y lo peor de todo es que de su historia se deduce la mayor dignidad del mundo natural frente al de las convenciones sociales pertenecientes al mundo humano, representados por una malvada reina roja.

El síndrome de Alicia

La influencia de ésta obra, a pesar de la anécdota de la censura, no tiene límites. Tanto es así que ha condicionado el nombre de no pocos descubrimientos científicos de diferentes disciplinas. Sin embargo si una de ellos no podemos olvidar es la psiquiatría, ya que la locura es una constante en las páginas de este cuento. Respecto a esta, existe un trastorno neurológico conocido como el síndrome de Alicia, en homenaje al famoso cuento de Lewis Carroll

Micropsia y Macropsia

No es que las personas que lo sufren vean conejos con prisas, ni gatos sonrientes, ni discutan con reinas de corazones. Los afectados por este síndrome de Alicia en el país de las maravillas ven las cosas distorsionadas en su tamaño, forma y distancia. Es lo que se conoce como micropsia. Un trastorno neurológico muy poco frecuente pero bastante alarmante, que hace que las personas que lo padecen vean los objetos pequeños y alejados, mientras que ellos se ven muy grandes en comparación, a semejanza de lo que ocurre en una de las más emblemáticas escenas de la obra literaria de Carroll .

De igual manera, puede darse el efecto inverso, macropsia, siendo los objetos los que crecen en tamaño a ojos de los afectados por este problema que, por regla general, también tienen percepciones erróneas respecto al paso del tiempo (algo también muy destacado en el referido cuento).

Este trastorno, afecta principalmente a niños. Fue descrito por primera vez en en 1952 por el psiquiatra C.W. Lippman, aunque fue el psiquiatra John Todd el que lo relacionó con el cuento de Lewis Carroll, y el que le puso el nombre en homenaje al autor.

Carroll y el síndrome de Alicia

Además, por esta relación, pese a la inexistencia de pruebas, se ha considerado que es posible que el autor padeciese micropsia, y que por ello trasladó a las páginas de su relato las alucinaciones de la percepción visual que sufría.

Aunque las distorsiones visuales suelen ser más frecuentes por la noche, las personas que sufren este síndrome pueden experimentar cuadros sintomáticos durante varias veces al día, con una duración que suele oscilar entre los 5 y los 60 minutos. Durante este tiempo ven objetos grandes (como una persona, o un coche) como si fuesen del tamaño de un juguete, y pueden perder la noción del tiempo (pasar de modo lento a modo rápido, y viceversa) y presentar también distorsiones en las percepciones auditivas y táctiles.

El científico John Todd vinculó en 1955 la micropsia con la epilepsia y, hasta la fecha, esa relación sigue vigente. No obstante aún queda mucho por investigar de dicho síndrome, pero de ser cierta la relación aumentarían las posibilidades de que el autor lo viviese, pues este mismo fue diagnosticado como epiléptico. 

El síndrome hoy

Pese a ello, y a que las causas y los mecanismos de la micropsia han sido estudiados, especialmente con investigaciones neurofisiológicas llevadas a cabo en fase sintomática aguda, estos siguen sin estar claros. Como consecuencia, no existe un tratamiento específico para este síndrome, para el que se suelen prescribir, con bastante eficacia, los mismos medicamentos que para la migraña, además de recomendar descanso a los pacientes.

Hay que recordar que, aunque los síntomas pueden ser muy llamativos y provocar momentos de miedo o pánico en la persona afectada y en sus familiares, estos no revisten ningún tipo de gravedad ni de peligrosidad, y acostumbran a desaparecer con el paso del tiempo.No obstante, el susto y las consecuencias para la percepción de uno mismo en el protagonista que los vive no son poca cosa. 

Y es que la percepción que tenemos de nuestro propio cuerpo determina en gran medida la concepción de nuestro yo. Esta, además de otras cuestiones que aparecen en el cuento, permiten que hagamos también una interpretación filosófica del mismo que hace que a pocos deje indiferente esta historia.

El Dodo

Otra curiosidad que merece ser destacada en el cuento de Alicia en el país de las maravillas es uno de sus personajes. Durante la historia, la pequeña conoce a un pájaro Dodo, desgraciadamente ya extinguido por la mano del hombre. Pues, la mayoría de expertos coinciden en que este dodo es el propio Carroll.

En los episodios donde aparece el dodo se recuerda el momento del viaje en barco en que surgió la historia, por lo que todos los que allí estaban presentes aparecen como pájaros, excepto la pequeña y vital Alicia. Carroll sería el dodo, de acuerdo a su propio nombre (Charles Lutwidge Dodgson). El autor tenía problemas con el tartamudeo y en ocasiones repetía varias veces la sílaba «do» de su apellido al presentarse. 

La locura del sombrerero

La locura del sombrerero de la obra Alicia en el país de las Maravillas tiene una inspiración real. 

Si nos preguntásemos por qué está loco el sombrerero de este cuento la respuesta parece obvia, y es que es de esperar en cuanto que vive en el País de las Maravillas, donde no parece que reine la sensatez. En mayor o menor medida allí todos están locos como dice el Gato de Cheshire, el de la siniestra sonrisa. Pero es posible encontrar una explicación para la locura del Sombrerero fuera de la lógica interna del País de las Maravillas.

La expresión «sombrerero loco» y la frase «loco como un sombrerero» son muy anteriores al cuento de Lewis Carroll, publicado en 1865.

Los sombrereros ya estaban locos

La idea de que los sombrereros estaban locos se origina en la Francia del siglo XVII, debido al uso del mercurio en la fabricación de los sombreros de fieltro. Durante el proceso, la piel de animal era tratada con una solución de nitrato de mercurio que emitía vapores tóxicos para el organismo. Como los sombrereros solían trabajar en espacios cerrados, sin ninguna medida de seguridad, era habitual que se acabaran envenenando por la inhalación de esos vapores. 

Esta técnica de fabricación fue usada por los hugonotes franceses, que más tarde la exportaron a Gran Bretaña cuando se vieron obligados a huir de Francia después de que el rey Luis XIV revocara el Edicto de Nantes (que fomentaba la persecución a dicha comunidad por motivos religiosos). Lewis Carroll debió conocer esta patología, pues creció cerca de Stockport, que era uno de los principales centros de fabricación de sombreros de toda Inglaterra en la época.

Envenenamiento por mercurio

El envenenamiento por mercurio, cuyos síntomas fueron descritos en 1861 por Adolph Kussmaul, podía afectar al corazón, a los pulmones y sobre todo al cerebro. Producía daños neurológicos, que son los que explican esa supuesta locura. Fue tan popular esta patología que durante algún tiempo se llegó a pensar que padecer esa locura era condición indispensable para fabricar buenos sombreros. El síntoma más característico era un temblor incontrolable, pero los afectados también podían presentar cuadros de ansiedad, cambios de humor bruscos ‒con ira e irritabilidad‒, así como timidez excesiva, depresión, pérdida de memoria y de confianza en sí mismo, insomnio…

En definitiva, a pesar de estar loco, como todos los que habitan en el mundo de ensueño de este cuento, el personaje de Lewis Carroll no tiene exactamente los síntomas de un envenenamiento por mercurio, pero todo parece indicar que el autor pudo haberse inspirado en esta dolencia.

Fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando se consiguió identificar bien las causas de la locura de los sombrereros. A partir de entonces se dejó de utilizar mercurio para su fabricación en Francia y en Gran Bretaña, no así en Estados Unidos, donde no dejan de producirse casos hasta la década de 1940. Así pues, tras este divertido personaje hay mucha historia detrás, y como no podía ser menos también mucha filosofía, pues no es casual ni anecdótica su relación con el tiempo, aunque eso bien podría ser objeto de análisis en otro escrito.

Carroll y Jack el Destripador

Posiblemente esta sea una de las curiosidades más locas que ronda a este autor. Y es que, aunque siempre se le consideró un soñador inofensivo, en 1996 el autor Richard Wallace no vaciló en acusar a Lewis Carroll de haber sido el hombre que estaba oculto bajo el alias de Jack el Destripador.

Las pretendidas pruebas que supuestamente lo acusaban eran frases crípticas contenidas en sus libros diecinueve años antes de la matanza del otoño de 1888. Según esta interpretación, el ya desequilibrado escritor dejó allí pistas anticipando los crímenes que planeaba cometer.

Lo cierto es que la acusación no llevó a ninguna parte, pero también que Carroll era un personaje singular cuyas particularidades le hacían especialmente llamativo para acusarle de cualquier cosa. Zurdo (que en aquel tiempo aún se creía que era un signo demoníaco), tartamudo, diagnosticado en Oxford de epilepsia (lo cual en aquél momento era un estigma social relevante…). En definitiva no pasaba desapercibido, aunque de ahí a ser Jack el Destripador hay un gran espacio…

No son estas las únicas curiosidades que rondan a esta peculiar obra pero bastan para poder afirmar que, como podemos comprobar por éstas, a nadie pasó desapercibida…