El desafío de Derrida: La deconstrucción

¿Ha escuchado alguna vez hablar de la necesidad de “deconstruirnos”? Es una expresión que coge cada vez más fuerza en l,os tiempos que corren, y posiblemente no es un mal consejo. Siendo así, atenderé a este término con la intención de aclararlo, una vez hecho esto, cada cual elija si llevar a acabo dicha aventura, pues la deconstrucción es eso, una aventura, sobre todo reservada para los valientes.

El origen de dicho concepto se lo debemos a Jacques Derrida (1930-2004), filósofo francés, reconocido como uno de los más influyentes de la tradición estructuralista y posestructuralista que han formado parte de la filosofía contemporánea. Con la “deconstrucción” este pensador se refería a una forma de analizar críticamente la organización literaria de los textos y de la filosofía, así como la organización política de las instituciones, pero cuya aplicación se extiende a cada uno de nosotros.

¿Quién es Derrida?

No obstante, antes de pasar a analizar ese intrigante concepto, haré un breve repasó por el maestro que nos lo trajo, aún desconocido para algunos pero de merecida atención si se quiere estar al tanto del recorrido de la disciplina filosófica en los últimos años.

Jacques Derrida nació el 15 de julio de 1930 en El Biar, Algeria, que en aquel momento era una colonia francesa. Era hijo de padres judeo-españoles, pero fue educado en tradición francesa desde muy temprano.

Un círculo de lo más interesante

En el año de 1949, acabada la Segunda Guerra Mundial, intentó ingresar a la École Normale Supérieure, en Paris, Francia. Pero, tuvo que esperar al año de 1952, en el que al fin logró acceder, para lo cual tuvo que repetir por segunda vez el examen de admisión. En aquél lugar tuvo la oportunidad de formarse en un clima intelectual donde varios de los filósofos más representativos del siglo XX estaban en auge. Por ejemplo, Deleuze, Foucault, Sartre, Simone de Beauvoir, Merleau-Ponty, Althusser, Ricoeur, Levi-Strauss o Levinas.

Así, Derrida trabajó muy de cerca con algunos de ellos, y se mantuvo crítico hacia varias de sus propuestas. Con ese mismo espíritu crítico , desarrolló su obra en el que fue el siglo del desarrollo y auge de la fenomenología. De hecho, Derrida se formó muy cerca de su máximo exponente, Edmund Husserl. Posteriormente especializó en la filosofía de Hegel junto con Jean Hyppolite y Maurice de Gandillac, de la mano de quienes realizó una tesis doctoral en 1953 sobre “La idealidad del objeto literario”.

Toda esta mezcolanza de influencias, unida a una mente brillante, desembocaron en una obra que determinó en gran medida a los autores que le seguirían. Entre sus méritos más destacados está el que he anunciado al principio de este escrito: la deconstrucción.

La deconstrucción

Con el concepto de “deconstrucción”, Derrida hace referencia a un acto bastante complejo cuya interpretación y aplicaciones pueden ser muy distintas, y que no obstante ha marcado la producción filosófica de buena parte del siglo XIX y XX.

A grandes rasgos, es posible afirmar que el filósofo francés utiliza la deconstrucción para examinar críticamente los paradigmas conceptuales en los que se ha asentado la sociedad occidental, desde los inicios de la filosofía griega hasta nuestros días. Es decir, cuando la aplicamos intentamos ver que es lo que mantiene nuestra forma de ver el mundo. En este sentido hay un primer aspecto que cabe destacar de la mano de este autor. Y es que los paradigmas de nuestra sociedad están cargados especialmente de un elemento muy particular: las dicotomías, a las que merece la pena atender antes de continuar.

Dicotomias y deconstrucción

Las dicotomías (oposiciones jerárquicas entre dos conceptos), han generado pensamientos y comprensiones binarias sobre los fenómenos del mundo y sobre los seres humanos. Con ello, también han dado lugar a formas de identificación y de construcción de subjetividades determinadas.

Con estas dicotomías Derrida se refiere a oposiciones jerárquicas, que tienen como consecuencia que entendamos uno de los dos fenómenos de la dicotomía como el primario, o el fundamental, frente al segundo como un derivado. Por ejemplo, lo que pasa en la clásica distinción entre la mente y el cuerpo; la naturaleza y la cultura; lo literal y lo metafórico, entre otras muchas posibilidades.

A través de la deconstrucción, Derrida hizo visible la forma en la que la filosofía, la ciencia, el arte o la política han emergido como resultado de estas oposiciones. Lo cual ha tenido, entre otras cosas, efectos en términos subjetivos, y en la experiencia y organización social.

¿Cómo lo hizo visible? Principalmente, a través de examinar las contradicciones y las tensiones entre estas jerarquías que nos encontramos en nuestra propia forma de ver el mundo, así como analizando sus consecuencias en términos de construcción de significado.

Precisamente, lo que se deriva de esto último es la sugerencia de que los paradigmas en los que nuestra sociedades se han asentado no son naturales, inamovibles y tampoco necesarios por sí mismos; sino que son un producto o una construcción. Para dar con ellos, Derrida propone esta renombrada deconstrucción, que consistirá en apartar cada ladrillo de nuestro pensamiento a través de las uniones artificiales que se han dado con dichas oposiciones, implícitas en nuestro propio lenguaje.

¿Aplicarlo a nosotros mismos es imposible?

En realidad, cuando Derrida inaugura esta propuesta lo hace aplicándolo al análisis de los textos, en el contexto de la crítica literaria. No obstante, más tarde el mismo se extendería a otros ámbitos. Pretendiendo hacer de la deconstrucción un camino para dar con aquellas significaciones que fundamentan nuestro pensamiento, sin que seamos del todo consciente de ello.

No obstante, ¿no es esta una tarea imposible? Lo cierto es que es posible que el desafío que nos propone Derrida sea una tarea interminable, pero también lo es que nos permita avanzar en la misma, si atendemos a las relaciones que se dan entre estas significaciones.

Efectivamente, el concepto original, déconstruire, alude a desmontar, a través de un análisis intelectual, una cierta estructura conceptual, y aquí precisamente es donde comienzan las complicaciones. ¿Cómo llevar a cabo este “desmontar”?

¿Cómo llevarla a cabo?

La deconstrucción se lleva a cabo evidenciando las ambigüedades, las fallas, las debilidades y las contradicciones de una teoría o de un discurso. Así pues, lo deconstruido, en este marco, queda desmontado o deshecho. Es como quitar las piezas de un puzzle en 3D para intentar comprender cómo las uniones de cada pieza han dado lugar a la estructura final.

Si lo aplicamos a un texto se trataría de desmontar la estructura del lenguaje que se utiliza en él, con lo que sus diversas significaciones quedan expuestas. La deconstrucción demostraría, en este marco, que existen múltiples lecturas posibles. Hasta aquí parece relativamente accesible, pero lo cierto es que no es tan fácil como parece aplicar esto a ciertos textos. Sin embargo, el asunto se complica más aún si tratamos de aplicarlo a nosotros mismos.

En nuestro caso, la estrategia de deconstrucción se basa en un análisis de las estructuras que componen el discurso de cada persona. Sus pensamientos o construcciones intelectuales.

¿Qué encontramos al deconstruir un discurso?

Pero ¿qué encontramos al deconstruir un discurso? Al hacerlo podremos descubrir el proceso histórico y cultural que subyace a al mismo. De esta manera se puede demostrar que la claridad aparente de un texto no suele ser tal. Así, de la misma forma, se entiende que los conceptos mentales de cada uno y con ello en gran medida nuestra identidad, está también revestida de elementos culturales que, a partir de la deconstrucción referida, deberían ser descubiertos para percatarnos de que es lo que se esconde bajo dichas influencias y apariencias.

“¿Por qué soy racista?” Sería una pregunta que podría iniciar un análisis de deconstrucción. A partir de ella, para llevar a cabo el mismo, se necesitaría analizar el discurso en el que se basa esta postura ante el mundo. Con ello, podremos dar con las dicotomías y relaciones establecidas que dieron lugar a dicha posición. Dando así con el origen de la misma. De esta manera se abre la posibilidad a un posible cambio de postura, pues al conocer un ladrillo que construye el edificio de nuestro pensamiento y la forma en la que este había quedado adosado, se hará posible cambiar ese ladrillo por otro. Incluso el propio diseño, si aplicamos esto a cada faceta o discurso de nuestra vida.

Como pueden imaginar ni el método ni el objetivo propuesto es cosa fácil. De cualquier forma, sea complejo o no, no esta mal repensarnos de vez en cuando. Aunque se presente como un reto complejo, pues este deconstruirse implica la posibilidad de reinventarse.

Si desea saber más sobre este asunto hay numerosas obras que ayudan a profundizar en la cuestión, si está interesado en obtener alguna le recomendamos en el siguiente enlace una muy ilustrativa al respecto:

Teoría literaria y deconstrucción (Lecturas)

R.D.Morliz