Magritte. Filósofo con formas de pintor

Existen imágenes que abren la puerta de la reflexión de golpe, a veces superando a grandes textos. Es la magia de lo visual, que, aunque no fuese gusto de Platón, con frecuencia es un buen medio para el conocimiento. Sobre todo si con la imagen surge una nueva duda que hay que perseguir.

Cuando esto ocurre de la mano de un genio capaz de jugar con las capacidades de nuestros propios sentidos no solo la reflexión queda asegurada, sino también el aprendizaje. Este precisamente es uno de los casos que trataré en este escrito. Y ese genio no es otro que el pintor belga René Magritte.

Magritte. Más allá de la percepción

El nombre real de nuestro protagonista es René François Ghislain Magritte. 

Este nombre esconde la figura de un pintor belga al que le gustaba el desafíoAunque popularmente se le suele encuadrar dentro del estilo surrealista, lo cierto es que encuadrar las obras de este hombre no haría justicia a sus esfuerzos. Buen conocedor del arte pictórico, encontramos en él una combinación de estilos, que por si fuese poco están dirigidos por un amante de la duda. El resultado, Magritte es Magritte. Se parece a todos y a ninguno.

Claro que tiene también un sello de identidad propio. Si por algo es especialmente conocido este artista es por sus ingeniosas y provocativas imágenes. Con su trabajo pretendía cambiar la percepción precondicionada de la realidad y forzar al observador a jugar con lo que se le aparece en su entorno.

Magritte dotó al Surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas, poniendo en cuestión la relación entre un objeto pintado y uno real. Este artista no consideraba su obra acabada más que con la acción de mirar del observador. Por ello, al realizarla, siempre tiene a éste en cuenta. Y lo imagina como un ser activo con el cual puede jugar al engaño.

Aunque mantenía cierta relación con los surrealistas, en ocasiones hubo distanciamientos entre ellos. Magritte siempre fue muy independiente, manteniendo sus ideas y principios artísticos por encima de modas o intereses grupales.

Formas de pintor y mente de fenomenólogo

En sus cuadros es muy habitual que nos haga dudar de nuestra propia capacidad de percepción. Con lo cual hablamos de un pintor con “formas de fenomenólogo”. En sus obras las ausencias y representaciones dentro de representaciones no llevan a la confusión, pero si a la duda sobre si vemos lo que queremos o lo que él nos obliga a mirar.

También era habitual en él la manipulación de imágenes cotidianas, como un juego con el que explorar los límites de nuestra consciencia perceptiva. La apariencia, a veces, onírica de sus cuadros, el gusto por la “imagen doble” y la ironía iconoclasta nos llevan a la intriga sobre nosotros mismos y otorgan a sus obras del poder de llevarnos a las mismas cuestiones que muchos manuales de filosofía.

Una de las obsesiones o motivo recurrente en su pintura es el encuentro de contrarios, de realidades opuestas que se unen, resultando paradójicas y extrañas. Así, de su pincel nacen paisajes nocturnos iluminados por cielos claros con nubes, botas que tienen la apariencia de pies descalzos, pesadas rocas o bolas de metal flotando ingrávidas en el aire…Y todo esto para qué. Pues para llevarnos a la reflexión. La misma que le acusó a él durante toda su vida, ya que fue un verdadero amante de las corrientes fenomenológicas.

Acudamos pues a algunos ejemplos mostrados en sus propias obras para percibir, y en este caso no podía ser de otra forma, la grandeza de este “filósofo” disfrazado de pintor.

Esto no es una pipa

Si algo consigue en esta obra es jugar con la paradoja. Aunque en principio absurda y sencilla el sentido real de este cuadro ha llamado tanto la atención de los expertos que el mismísimo Foucault le dedicó una obra.

Esto no es una pipa
“Esto no es una pipa” . Cuadro de Magritte

El cuadro muestra una pipa. Hasta aquí no presenta ningún problema. Pero a este pintor le gustaban los retos. La problemática surge porque Magritte pintó bajo la pipa: «Ceci n’est pas une pipe» (Esto no es una pipa).

En realidad el autor está en lo cierto. El cuadro no es una pipa, sino una imagen de una pipa. Como Magritte dijo,


«La famosa pipa. ¡Cómo la gente me reprochó por ello! Y sin embargo, ¿se podría rellenar? No, sólo es una representación, ¿no lo es? ¡Así que si hubiera escrito en el cuadro “Esto es una pipa”, habría estado mintiendo!»  ”


Citado en Harry Torczyner, Magritte: Ideas and Images, p. 71.

El filósofo francés Michel Foucault  habla del cuadro y su paradoja en su libro de 1973 Ceci n’est pas une pipe. Pero, más allá de los análisis de Foucault, es posible entender las intenciones de este autor y el sentido de esta creación si añadimos a ella un punto de vista fenomenológico. Sin embargo, antes sería necesario desgranar el cuadro para entrar de lleno en dicha temática.

La paradoja

La imagen refleja de forma clara y evidente la representación de una pipa. Pero, en cambio, el texto asociado a la imagen niega tal realidad con una afirmación contraria.

¿Por qué el autor crea esta discordancia? ¿Qué pretende explicar? ¿La imagen es sólo una representación de un objeto y por ello es posible que se dé la afirmación que la acompaña?

Un dibujo tan sencillo no necesita de una grafía que lo explique. Sin embargo, este provoca una contradicción con un trasfondo que invita al observador a descubrir el porqué de tal enigmática creación.

Analizando la frase “Esto no es una pipa” podemos deducir varias posibilidades.

  • Puede entenderse que la afirmación del texto está auto-negándoseEsto (el texto) no es una pipa. Lo cual permitiría que la imagen estuviese en concordancia con el texto. Con ello, desaparecerería inmediatamente el conflicto.
  • También la frase puede afirmar que el dibujo no es materialmente una pipa, sino un conjunto de líneas que da lugar a una representación simbólica de un objeto real.
  • Y por último también puede entenderse que el conjunto, imagen y texto, no son una pipa. En definitiva, sólo son líneas y puntos trazados sobre un papel.
La cuestión de la representación

No obstante, si atendemos a lo que suele hacer Magritte en el conjunto de su obra, lo cierto es que el dibujo y su leyenda representan la importancia de la subjetividad de los observadores. Este artista dejaba que el espectador “terminara” la obra con su mirada. Siempre, influido por la fenomenología, otorgó un especial protagonismo a la capacidad interpretativa y la subjetividad. Y en este caso, esta también cobra una importante relevancia.

Sí mostramos a un niño que no sabe leer un dibujo de un simpático perro cuya leyenda detalla “Esto no es un perro” y le preguntamos ¿Qué ves? Lo más probable es que el niño responda que ve un perro, nada más. Y es que la imagen o el dibujo es una poderosa herramienta para la comprensión de la realidad.

Por ello, cualquier explicación de las nombradas a lo largo de este comentario será válida como interpretación del dibujo, con independencia del sujeto.

El dibujo de la pipa, no es una pipa materialmente. Pero sí representa una pipa, por lo que la frase “esto no es una pipa” resultaría una frase vaga. Pero lo cierto es que nos resulta problemático el hecho de que el dibujo representa una pipa mientras el enunciado cita lo contrario. El motivo es que no se trata de un objeto real, sino tan sólo de un dibujo.

Nuestro cerebro disocia los objetos reales a través de la vista como un conjunto de líneas y puntos que dan lugar a una forma, figura y características concretas que pueden llegar a ser representadas. En ese caso, al observar el diseño, nosotros lo interpretamos como una pipa, pero en el fondo, solo es un conjunto de líneas. Y la idea de que es una pipa es producto de nuestra interpretación más que ser una característica de la imagen.

No es pipa si no se fuma en ella. Perspectiva fenomenológica

El pintor recibe la realidad, la ordena y la plasma. Pero lo plasmado no es la realidad misma, sino un reflejo de esta. Por ello el objeto concreto que el pintor pretende representar no se trata de la realidad. La pipa no se puede tocar, oler ni saborear y es este punto dónde Magritte quiere llegar.

Y es que si añadimos un poco de fenomenología al asunto podemos incluso llegar más lejos. Pues aunque se tratase de una pipa real, esta solo sería una pipa si se usase para el fin para el que está hecha, es decir, para fumar. Si encontrásemos una pipa expuesta en un museo por pertenecer a un ilustre personaje, ésta ya no sería una pipa realmente, sino un objeto de exposición de un especial valor por la historia que conlleva.

Así ocurre con objetos arqueológicos a menudo. Un jarrón de la época victoriana que fue creado para guardar flores en la actualidad puede ser un objeto al que nadie consentiría que se le llenase de agua para cumplir con este fin, para, en cambio, guardarlo en un museo y admirarlo por ser de un preciado valor. Esto significaría en última instancia que los objetos no son lo que son por la imagen que se nos presenta de ellos, sino por el uso que se les da, dependiendo así de lo que los fenomenólogos llaman el mundo de la vida. Pues exactamente lo mismo ocurre con este cuadro, que por supuesto no es una pipa.

El papel del espectador

Con ello, la realidad no es algo que se da de antemano de manera fija. Sino que sería dependiente de la interpretación que le damos y en consecuencia, hija de esa interpretación.

De igual forma, aplicado al arte, un cuadro como el que tratamos no es un conjunto de pigmentos plasmados en el lienzo. Más bien la obra queda acabada con la interpretación del que la admira, que para Magritte debe ser una mirada libre y única para cada cual. Siendo así, a pesar de lo dicho entonces, aún caben más miradas alternativas y formas de entender la intrigante intención de este artista al pintar esta obra. Algo que por supuesto la hace eterna, pues vuelve a la vida cada vez que aparece un nuevo espectador que viene a recrearla con una novedosa perspectiva.

Pero este caso no es anecdótico en este artista. Como dije, era amante de la duda, y esto se verá reflejado en otras obras. Acudiré entonces a otra para desgranar las intrigas de nuestra propia capacidad de percepción.

El imperio de la luz

Esta es otra de las grandes pinturas de este genio. También cargada de filosofía. Pues bajo ella se esconde mucha fenomenología. Titulada “El imperio de la luz” , al observarla, podemos llegar a poner en duda nuestros actos de percepción.

El imperio de la luz
“El imperio de la luz” de René Magritte

Este cuadro es otra de las muestras de que René Magritte, el autor, fue un filósofo que prefirió expresarse con el pincel en lugar de con la pluma. Con ello tuvo la genialidad de fundir dos medios maravillosos para la reflexión y el disfrute de mentes inquietas.

De nuevo en esta obra, el artista belga intentará romper los paradigmas del espectador así como su estructura lógico-racional de percibir lo que llamamos “realidad” . En sus obras, como la anterior, se denota cierta insistencia por delatar que todo depende de la perspectiva humana. Pero el anterior ejemplo era más directo. En cambio, en este caso aún cabe preguntar, ¿qué es lo que nos trata de decir el filósofo/artista belga en este cuadro?

Fíjense un momento en él, pues tiene la clave para reflexionar sobre uno de los secretos mejor escondidos en la caja de calcio que llevamos sobre nuestros hombros. No es otro el asunto que el tema de la conciencia. 

Jugando con nuestra consciencia

En El Dominio de la Luz Magritte logra hacer que, cuando se observe el cuadro, lo primero que notemos sea la luz del faro frente a la casa y después lo que ésta logra iluminar. Es la luz del faro el fenómeno que atrapa la atención de la consciencia del espectador. Una conciencia que se proyecta hacia lo que mira creyendo que es libre al escoger lo que le llama la atención. Pero Magritte con esta pintura tira por tierra tal creencia.

Con ello, el autor pone en duda la frase “vemos lo que queremos ver” , pues al mirar su cuadro es inevitable ver en primera instancia ese faro. Así, parece que en realidad vemos el fenómeno que nuestra consciencia capta primero de acuerdo a lo que somos. Y todo lo que somos es esa consciencia. Esto nos lleva a preguntarnos :¿Existe realmente el dominio de la consciencia, o la consciencia es todo lo que somos? Igual que en la física cuántica, ¿nuestra realidad depende de nosotros como observadores?

Magritte y Buñuel. Ver lo que no está

En definitiva, cuando nos paramos a ver la obra de este fenomenólogo con formas de pintor, nos obligamos a preguntarnos acerca de todo lo que está a nuestro alrededor. ¿Qué es lo que mi consciencia está captando como fenómeno por sí mismo y qué es lo que está captando porque es lo que “quiero ver”?

Sobre este asunto, el propio Magritte nunca dio respuesta. Más bien se dedicó a fomentar la duda. De hecho, cuenta la leyenda que para que Luis Buñuel entendiera esto, Magritte lo citó en un café en Barcelona y el belga no se presentó.

Al día siguiente el cineasta español le preguntó el motivo de su ausencia y Magritte le respondió con una pregunta: “¿Qué fue lo primero que observaste en el café?” Buñuel respondió: “Que tú no estabas”. A lo que el belga le contestó: “¿No se te hace curioso que en un café en Barcelona, lleno de gente, cuadros y demás, lo primero que hayas observado es que yo no estaba? ¿No te llama la atención el cómo puedes observar algo que no está y no captar lo que sí está ahí?”.

Con esto se nos muestra las paradojas de nuestra capacidad perceptiva. A veces tenemos una mirada interesada que busca inmediatamente y percibe solo aquello a lo que la consciencia está dirigida. En otras ocasiones parece que dirigimos la mirada, y en cambio es un artísta el que nos hace mirar a un punto determinado, como en el caso de este cuadro. Sea como sea, nuestro papel de espectadores es el que fabrica una realidad. Pero, al tiempo, nuestra capacidad perceptiva a veces es también una incógnita para nosotros mismos.

¿Acaso todo es representación?

De nuevo, a través del arte, Magritte destaca la importancia del espectador en la obra, pero también el juego que se da entre está y el que la mira. Con ello volvemos a preguntarnos por nuestra capacidad de percepción y nuestra consciencia tratando de interpretar el mundo. Y si tiramos del hilo, como en el caso anterior, llegaremos a la cuestión de que los objetos no son nada por sí mismos, sino que son representaciones de lo que nosotros queremos ser, idea con la que juega sus obras.

Así, las cosas están vacías de definición y nosotros al definirnos las llenamos con lo que somos. Tan extraña como bella la idea, sirve para preguntarnos sobre nuestra propia consciencia y abrazar la necesaria reflexión sobre el mundo que nos rodea.

Con artistas como Magritte dudamos de nuestro acto de mirar. Si probamos a aplicar estas dudas al entorno nos rodea podemos intuir el alcance filosófico de sus obras. Además es necesario para las mentes inquietas intentar captar lo que normalmente nos pasa desapercibido pero siempre está presente, como en el ejemplo expuesto con Buñuel, pues debemos en la medida de lo posible intentar que no se nos escape la realidad que se mantiene escondida.

Esto muestra hasta donde el poder de la imagen y un genio de la creación nos invitan a entrar en algunas de las preguntas fundamentales. Sin embargo, no queda asegurada la respuesta, pues el mismo Magritte nos diría: «No hay respuestas en mis pinturas. Sólo preguntas ». Magritte sinónimo de acertijo y de la búsqueda incansable del saber…

R.D.Morliz