La mitología en el lenguaje. El mito de Hermafrodito

La etimología da lugar a numerosas curiosidades, en esta sección para los más curiosos rescatamos un caso de lo más peculiar. No es otro que el origen de la palabra “hermafrodita”, que se remonta a un bello mito. El término referido tiene su origen en la unión amorosa de dos dioses griegos: Hermes y Afrodita, representativos de lo masculino y lo femenino respectivamente. Por ello, al ser que tiene los dos sexos se le denomina de esta forma, pues tiene algo de varón y algo de hembra.

El mito de Ovidio

Este origen etimológico remite a un mito narrado por varios autores de la antigüedad, entre los que destaca especialmente Ovidio, que lo cuenta en su conocida obra “Metamorfosis”. Según nos cuenta este autor, Afrodita estaba casada con Hefesto, equivalente al dios Vulcano de los romanos; dios del fuego y la forja, caracterizado habitualmente como feo y cojo. Pero, al tiempo, la diosa de la belleza era amante de Ares, Marte en el mundo romano, dios de la guerra.

Al conocer Hefesto la infidelidad de su esposa, tendió una trampa a los amantes: una red sutil hecha por el mismo los atrapó en su cama. Tras esto, el cabreado marido invocó a todos los dioses para que vieran por si mismos a los amantes atrapados, los cuales, como espectadores, aumentaron la vergüenza de estos.

Al ver la mágica belleza de Afrodita desnuda, Hermes exclamó que estaría dispuesto a pasar tal vergüenza sustituyendo al dios Marte para tener la suerte de abrazar a la diosa. Al oír sus palabras, Afrodita premió a Hermes con una aventura amorosa. De esta historia de amor, nació un bello niño al que llamaron Hermafrodito, señalando en el nombre que era hijo de ambos. 

A pesar de la belleza del recién nacido, la diosa fue presa del sentimiento de culpabilidad por el adulterio cometido. Por ello, se separó de su hijo dejándolo en el monte Ida (Frigia) al cuidado de unas ninfas, por las cuales fue criado. Con el paso de los años, el niño se trasformó en un joven de enorme belleza.

El nuevo nacimiento de Hermafrodito

Un buen día, Hermafrodito recorriendo las tierras griegas se sintió agobiado por el exceso de calor, lo que hizo que se acercase a un lago para refrescarse y se lanzara a su interior a nadar completamente desnudo. La náyade Salmacis (o Salmácide), que era el espíritu de aquel lago, al notar su presencia y observar su belleza sintió una irresistible atracción hacia el muchacho. La chica se desnudó y se le acercó con la intención de conquistarlo, pero el joven se resistió.

La ninfa no cejó en su empeño y finalmente consiguió abrazar a Hermafrodito fuertemente. Lo arrastró al fondo del lago y, mientras él intentaba escaparse, la joven suplicó a los dioses que no separaran sus cuerpos. Los dioses atendieron a la súplica de la enamorada, y le concedieron su deseo. Así, ambos cuerpos se fusionaron para siempre en un mismo ser de doble sexo y mágica belleza.

R.D. Morliz