“Lunes o Martes”, un cuento de Virginia Woolf

Hablar de Virginia Woolf (1882-1941) es hablar de una de las figuras más importantes de la literatura universal, un personaje emblemático que no podía faltar en un espacio como este. Con un estilo de imbatible personalidad, Woolf es una de las principales representantes del vanguardismo del siglo XX, así como un símbolo feminista.

Sus escritos  reciben influencias de grandes maestros como Marcel Proust, Dorothy Richardson o Henry James. Pero su pluma tenía una personalidad propia, inconfundible. Lo que la hace destacar especialmente entre sus contemporáneos es precisamente que trató de hallar un camino nuevo para la novela, apartándose y dejando de lado el realismo imperante y abandonando la convención de la historia así como la tradicional descripción de los personajes.

Pero en su producción contamos no solo con novelas y ensayos. A través de diferentes medios, las letras siempre fueron un camino para fomentar la reflexión, y los breves cuentos que nos dejó no son menos a este respecto. Hoy rescatamos uno de ellos, esperando fomente la lectura de esta maestra de las letras.

Woolf y su obra

Antes de pasar al cuento en cuestión, cabe recordar que las obras más famosas de Woolf incluyen La señora Dalloway (1925), Al faro (1927), Orlando: una biografía (1928), Las olas (1931), y su breve ensayo Una habitación propia (1929), con su famosa sentencia «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción».

A pesar de la genialidad presente en estos escritos, lo cierto es que durante mucho tiempo no se les dio la importancia que merecían. De hecho. Woolf, fue redescubierta durante la década de 1970, gracias a este ensayo, Una habitación propia, que se convirtió en uno de los textos más citados del movimiento feminista, que expone las dificultades de las mujeres.

No obstante, como decía anteriormente, no cabe reducirla tampoco a este movimiento. Si algo une toda su obra es su brillante estilo. con una estética que enamora al lector, y que encontramos también en cuentos como “Lunes o Martes”, que es tan breve como intenso, y guarda dentro de sí mucha filosofía sobre la que reflexionar.

Cuento: “Lunes o Martes”

Perezosa e indiferente, sacudiendo con facilidad el espacio de sus alas, conocedora de su camino, pasa la garza sobre la iglesia, bajo el cielo. Blanco e indiferente, ensimismado, el cielo cubre y descubre sin cesar, se va y se queda. ¿Un lago? ¡Quítale las orillas! ¿Una montaña? Sí, perfecto, con el oro del sol en las laderas. Cae desde lo alto. Helechos o plumas blancas, siempre, siempre…

Deseando la verdad, esperándola, destilando laboriosamente unas pocas palabras, deseando siempre (se inicia un grito a la izquierda, otro a la derecha; ruedas golpean divergentes; omnibuses se conglomeran en conflicto), deseando siempre (el reloj asevera con doce claras campanadas que es mediodía; la luz vierte escamas de oro; niños se arremolinan), deseando siempre verdad. Roja es la cúpula; de los árboles cuelgan monedas; el humo sale lento de las chimeneas; ladrido, alarido, grito. «Compro metal»… ¿Y la verdad?

Como rayos orientados hacia un punto, pies de hombres, pies de mujeres, negros o con incrustaciones doradas (Esa niebla… ¿Azúcar? No, gracias… La commonwealth del futuro), la luz del fuego salta y deja roja la estancia, salvo las negras figuras y sus ojos brillantes, mientras descargan una camioneta fuera, la señorita Thingummy sorbe té en su mesa escritorio, y las vitrinas protegen abrigos de pieles.

Cacareada, leve cual hoja, rizada en los bordes, pasada por las ruedas, plateada, en casa o fuera de casa, reunida, esparcida, derrochada en diferentes platillos de la balanza, barrida, sumergida, desgarrada, hundida, ensamblada… ¿Y la verdad?

Recordar ahora junto al fuego del hogar la blanca plaza de mármol. De las profundidades de marfil se alzan palabras que vierten su negrura, florecen y penetran. El libro caído; en la llama, en el humo, en las perecederas chispas; o ya viajando, la bandera en la plaza de mármol, minaretes debajo y mares de la India, mientras los espacios azules corren y las estrellas brillan… ¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?

Perezosa e indiferente la garza regresa; el cielo cubre con un velo sus estrellas; las borra luego.

¿Cuento o poesía en prosa?

Lunes o martes (Monday or Tuesday) es una colección de relatos modernista de la escritora inglesa, publicada en 1921.

La antología está integrada por algunos de los cuentos más destacados, donde la autora combina exquisitamente el relato fantástico y el Modernismo. 

El título del libro, cuya lectura aprovechamos para recomendar, y de éste relato que se ha añadido y le da título a la obra, Lunes o martes, es mucho más profundo de lo que aparenta. Con él nos enfrentamos a la concepción de la autora de lo que es la ficción literaria, nada más y nada menos. Esto se hace presente en un razonamiento que encontramos en uno de los ensayos de Virginia Woolf: La ficción Moderna (Modern Fiction), de 1919. Allí la autora deduce lo siguiente:

Examina por un momento una mente ordinaria en un día ordinario. La mente recibe una miríada de impresiones —triviales, fantásticas, evanescentes, o grabadas con el filo del acero—. Vienen desde todas partes, una lluvia incesante de innumerables átomos; y a medida que caen, forman parte de la vida de un lunes o martes.

Siguiendo esta idea, la vida de un lunes o martes, es el núcleo de lo que Virginia Woolf considera ficción. Es decir, la ficción sería un estado mental donde lo fantástico se mezcla con lo ordinario, sin que haya muchas diferencias entre ambos. De ahí que la frase haya sido empleada para su primera colección de cuentos.

De esta forma nos enfrentamos a que el cuento no nos parece tal, pues encontramos más bien descripciones que surgen de dicho estado mental, que nos hacen dudar sobre si hablamos de un relato o de poesía escrita en prosa.

La verdad y el cuento

Siguiendo dicha idea la aparición de “La verdad” en el texto no es algo arbitrario. Sino de enorme importancia. Si atendemos a él, encontramos en el cuento una gran cantidad de descripciones, que podríamos encontrarnos en cualquier día de nuestra vida ordinaria, un Lunes o un Martes, por ejemplo. Estas le llegan al lector a través de imágenes. Pero ¿son estas imágenes la verdad? ¿No es la literatura un medio para contar la verdad de la vida ordinaria? ¿Es la misma contemplación vital una forma de literatura?

Siguiendo su concepción de la ficción como un estado mental la verdad, cuya naturaleza no queda resuelta en el texto, no se diferencia tanto de la literatura. De hecho más bien parece algo inalcanzable pero a lo que nos aproximamos precisamente a través de la imaginación, que da lugar al conjunto de imágenes que refleja el texto. De ahí que Woolf nos diga “¿la verdad?, o bien, ¿satisfacción con su proximidad?

Entre la aproximación y la captación se encuentra la ficción, que aparece casi como otro plano de conocimiento. Con ello este cuento, para algunos poesía, dirige al lector la pregunta sobre la relación entre el conocimiento y la naturaleza de la literatura. Invitamos a cada cual responderla según crea.

R.D.Morliz