Detrás del Minotauro

La mitología siempre ha sido un medio simbólico que invita necesariamente a la reflexión, al menos es el caso de la que escribe. A veces ocurre que muchas de estas historias llegan a la memoria a causa de escenas que vivimos en el mundo cotidiano o a problemas a los que nos enfrentamos en el día a día. Seguramente esto se deba a que los personajes de estas leyendas antiguas son arquetipos que a través de elementos simbólicos expresan las inquietudes y sentimientos por los que pasa todo ser humano.

Es por ello que considero tremendamente importante desvelar las sombras que se ocultan tras éstas alegorías mitológicas. Algo que intentaré brevemente acudiendo a un mito sobre el que suelo reflexionar bastante. No es otro que el de el Minotauro y su carismático héroe Teseo.

El nacimiento de la criatura

El minotauro, que significa toro de Minos, es el monstruo cretense con cabeza de toro y cuerpo humano que pertenece a la mitología griega. Este ser era hijo de Pasifae, esposa del rey Minos de Creta y de un toro blanco enviado por Poseidón, dios del mar. Minos había ofendido gravemente a Poseidón, y los dioses griegos perdonan poco. Así pues, el dios llevó a cabo su venganza haciendo que Pasifae se enamorase del animal. Fruto de dicha unión nació el Minotauro, un ser violento, mitad hombre, mitad toro, que se alimentaba de carne humana.

Ante dichos hechos, para esconder su vergüenza y proteger a su pueblo, el rey Minos rogó al inventor Dédalo que le construyera un laberinto del que el monstruo nunca pudiera salir. Hasta este punto la criatura parece controlada por los protagonistas. Pero la historia, como no podía ser menos, se complica más adelante cuando Androgeo, hijo de Minos, envidiado por los atenienses, es asesinado. Como consecuencia, su padre, sediento de venganza, decide atacar con su ejército a Atenas por sorpresa y los vence.

Aprovechando además su posición de superioridad frente al pueblo de Atenas, después de haberle ganado la guerra, Minos negocia la paz con los atenienses con la condición de que deberían alimentar al monstruo con siete jóvenes y siete bellas doncellas vírgenes, como tributo, hasta que alguno de ellos fuera capaz de vencerlo. Pero ¿cómo vencer a tan fuerte y aterradora criatura?

Vencer al Minotauro

Tres años pasó la ciudad de Atenas entregando a sus más valientes hombres y bellas mujeres. Pero, finalmente, nuestro héroe Teseo se ofreció voluntario como víctima, con la intención de matar al Minotauro y liberar a Atenas de un cruel destino.

Con la ayuda de Adriadna, la hija del rey, que se había enamorado de él, logro su propósito. Adriadna le ofreció a Teseo un ovillo de hilo que le había dado Dédalo, el arquitecto del laberinto. Ató uno de sus extremos en la entrada y siguiendo el hilo por los intrincados vericuetos del laberinto, Teseo puede, efectivamente, encontrar la salida tras luchar con la bestia.

Seguramente sea incuestionable la belleza del mito, cargado de emoción y aventura. Pero ¿qué esconde esta historia? Seguramente existan tantas interpretaciones como intérpretes, con lo cual no considero que lo que escriba en lineas posteriores sea una solución definitiva, pero si una reflexión al respecto que quizás ustedes complementen con sus propias visiones.

¿La sombra?

Las interpretaciones posibles son numerosas, como decía. Pero a mi juicio pudiera ser que el minotauro fuese el símbolo de la sombra que todos tenemos oculta y que no queremos ver ni aceptar pero que proyectamos más allá de nosotros mismos, en los otros. Este ocultamiento por la vergüenza que provoca un ser que para nada es culpable de lo acaecido no solo es cruel, sino que deja la tarea a otros del desvelamiento, lo cual me parece implica cierta importancia en la historia. Por mi parte señalo a la parte oculta de cada uno, más es posible que otro avispado lector vea otra cosa.

El resultado es que, como hemos dicho, el minotauro permanece cautivo, nadie lo ve ni lo oye, como nuestra sombra, que apenas llega a la conciencia como una leve sospecha de su existencia. ¿Hablamos de aquello que se esconde en nuestro inconsciente…?

Si esto fuese así, aunque por su puesto tienen cabida otras lecturas, pienso que reconocer la sombra que todos tenemos dentro como nuestra parte más instintiva, primitiva y feroz, pero que a su vez contiene nuestro potencial, es avanzar hacia la posibilidad concreta de la autocrítica y con ello permitir el propio avance. Negar a la sombra es dejar al minotauro dentro, pero abrazarla y admitirla es mejor que negarla, pues ¿no nos lleva a esto a la condición de héroes como el admirado Teseo?

Pero de seguir con ella, ¿dónde nos llevaría exactamente?

Adriadna y la razón

Si continuamos con el hilo de Ariadna que pudo guiar a Teseo hasta el minotauro puedo interpretar al mismo como un símbolo de la razón como la capacidad que tenemos para guiarnos en la vida. Una razón que no es fría y calculadora, sino que nace del propio amor de Adriana, con lo cual parece una razón vital ligada a la emoción. Y es que la vida no es como un laberinto, cierto, no hay solo un camino posible, pero en muchas ocasiones ese hilo puede indicarnos salidas que la oscuridad (que nace de nosotros mismos) no nos deja ver.

Por ello pues, quizás enfrentarnos al minotauro que vive dentro de nosotros mismos sea una tarea necesaria para poner luz en las tinieblas que envuelven nuestras vidas.