Elogio al profesor. Camus y la importancia de un buen maestro.

Nadie duda de que Camus es un maestro de la literatura universal. El que fuese galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1957 es uno de los escritores más importantes del siglo XX. Este referente de la literatura francesa aún nos maravilla con decenas de novelas, obras teatrales y ensayos. Es posible que El extranjero (1942), La peste (1947), El Mito de Sísifo (1942) o El hombre rebelde (1951) no se vean desgastadas nunca por el paso del tiempo. Estos escritos son ejemplos claros de su genialidad. Pero, sin restas méritos, ¿no es la genialidad una semilla que necesita ser regada para crecer? Camus parece concebirlo de esta manera, por ello, este maestro se rindió en el culmen de su carrera a la inspiración que nació de un humilde profesor de su juventud.

Esto que les cuento no es una anécdota al uso. Lo cierto es que tras esta historia hay mucho que aprender de un alumno agradecido y de un entusiasta profesor. Todo empieza con una carta que Camus escribió conmocionando a todos los que nos hemos sentido inspirados por alguien.

Cuando Camus recibió el premio Nobel escribió una breve carta a un hombre desconocido para muchos,  Louis Germain. En ella apreciamos lo más bello de la tarea de un maestro, y vemos como el triunfo del alumno es también el del profesor. Lo cual es un buen motivo para la reflexión.

Carta a su profesor

La carta que Camus escribió a su profesor se ha viralizado por las redes. Así es que es muy posible que ya la conozca el lector interesado. No obstante, no está de más recordarla para a partir de ella recordar la importancia de un buen maestro y el merecido elogio que merece un trabajo que, en muchas ocasiones, no está suficientemente valorado. Así pues, empecemos recordando las letras del propio Camus:

19 de noviembre de 1957

“Querido señor Germain:

He esperado a que se apagase un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, la mano afectuosa que tendió al pobre niñito que era yo, sin su enseñanza y ejemplo, nada de esto hubiese sucedido.

No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y le puedo asegurar que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso, continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.

Le abrazo con todo mi corazón.

Albert Camus”

Albert Camus.

La historia de la Carta

Esta bella carta fue escrita por Camus al recibir el premio Nobel. Es de bien nacidos ser agradecidos, dice el refranero popular, y también el ejemplo que nos dio Camus.

La carta de el recién nombrado premio Nobel de literatura fue difundida 35 años después de su muerte, con la publicación de su obra póstuma El último hombre (1995). Camus falleció en un accidente de tráfico sin terminarla en 1960. Entonces no contaba con demasiado apoyo de las élites francesas, que rechazaban su posición moderada ante la guerra entre Francia y Argelia. De ahí que su familia declinase publicarla, pero cambiaron de opinión tres décadas después, ya que “tendría un valor extraordinario para aquellos interesados en su vida”, según su hija. Aunque cabe decir que también lo era por el sentido que encontramos tras estas letras.

Imáginemos la situación, un hombre en el culmen de su carrera literaria recibiendo el premio Nobel recuerda a este maestro de la infancia. Cabe preguntarnos, ¿cuanta importancia ejerció este profesor de escuela en un joven Camus?

Posiblemente no encontramos otro ejemplo tan destacado en la historia de la literatura de cómo un buen profesor puede ser determinante en el desarrollo de su alumno. Hablamos de un maestro comprometido, posiblemente por vocación, que supo que la educación es mucho más que la trasmisión de conocimientos. Por ello Camus no se olvidó de él y el mundo, gracias a esta carta, aún recuerda a Germain.

El compromiso de Germaine

De esta historia hay mucho que aprender, como de todo lo que envuelve a los grandes genios. Sin embargo, en esta ocasión me quedo con la doble lección de alumno y maestro.

Germaine nos enseñó que la profesión del profesor no es cosa cualquiera. Pudiera ser que, decida el lector si estoy o no en lo cierto, de hecho, sea una de las más relevantes de la sociedad. Pues la inspiración y motivación de un maestro puede cambiar la historia. Para muestra este caso. Además, la ayuda desinteresada de este maestro nos habla del verdadero espíritu que nos debe mover a ayudar a los otros. Germaine no esperaba que aquel pequeño ganara el Nobel, pero supo que merecía de su ayuda y eso le bastó. Finalmente la generosidad le llevó a él también a la historia, no debe sorprendernos, la etimología de la palabra generoso nos recuerda que en su origen el generoso es el que genera.

Si le interesa el asunto de la generosidad le hablo de ello en el siguiente artículo: El precio de la Generosidad

Por otra parte, la impronta en el alumno es también motivo de reflexión. Ni los honores, ni la fama, ni el éxito, pudieron nublar la memoria de Camus, nunca pudo olvidar a su maestro. Y su gesto al recibir el premio Nobel no solo nos recuerda que es de bien nacidos ser agradecidos, sino también que un gesto como ese puede dar una lección al resto y convertirle en maestro inspirador, como para él lo fue Germaine.

En unos tiempos en los que las críticas al sistema educativo a veces llevan a menospreciar o minimizar la figura del profesor no está de más recordar esta historia. Posiblemente todos hemos tenido un Germaine en nuestra vida, y puede que ellos nunca lo sepan. ¿Qué tal un agradecimiento?

Por mi parte he tenido la fortuna de tener algunos maestros como este, Tomás, Nestor, Francine, Miguel, Marta, Cristian Saborido, José Carlos Carmona, Javier San Martín, etc. Algunos gracias al contacto directo, otros ni siquiera recordarán mi rostro, pero con y sin cercanía fueron inspiración por la pasión de sus discursos. Con solo un profesor que haya tenido usted en su vida de este tipo (por favor, haga memoria y recuerde su ayuda) basta para intuir la importancia que tiene la que seguramente es una de las profesiones más nobles de nuestra sociedad. Valga pues este escrito como elogio a los maestros que riegan las semillas que florecen en el futuro.

Raquel Moreno