El efecto Dunning-Kruger. Ya lo dijo Russell: Los idiotas hacen más ruido.

El filósofo Bertrand Arthur William Russell, bien conocido por sus trabajos de psicología analítica dijo una vez que: “El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Todos intuíamos que estaba en lo cierto, pero no muchos saben que la psicología le ha dado la razón al filósofo a través del experimento. Esta frase de Russell resume a la perfección lo que hoy conocemos como el efecto Dunning-Kruger, que consiste a grandes rasgos en que cuanto menos sabemos, más creemos saber.

Y es que este efecto alude a un sesgo cognitivo según el cual, las personas con menos capacidades y conocimientos tienden a exagerar esas mismas capacidades y conocimientos. ¿Qué ocurre como resultado? Que suelen convertirse en gente que opina sobre todo lo que escucha sin tener idea, pero pensando que sabe mucho más que los demás.

El problema es que las víctimas del efecto Dunning-Kruger no se limitan a dar una opinión ni a sugerir sino que intentan imponer aquello que defienden, pues están convencidos de su “saber”, como si tuviesen en su poder verdades absolutas, haciendo pasar a los demás por incompetentes o completos ignorantes, cuando en realidad no es así. Obviamente, lidiar con estas personas no es fácil porque suelen tener un pensamiento muy rígido. ¿Conoce usted alguna de este tipo? Raro sería que no, atienda pues a lo que viene a continuación, pues hay formas de lidiar con este efecto tan complejo de soportar.

¿Por qué?

Esta es una de las preguntas más acusadas cuando se habla de este efecto. ¿Cómo es posible que los que menos sepan sean los que más creen saber? ¿Por qué ocurre esto?

En realidad la respuesta es muy simple, esto se debe a que para hacer algo bien debemos tener al menos un mínimo de conocimientos que nos permitan valorar con cierto grado de exactitud cuál será nuestro desempeño en la tarea. Por ejemplo, una persona puede pensar que baila estupendamente porque no tiene ni idea de danza y no conoce todas las habilidades necesarias para controlar elementos como llevar el ritmo. Eso hará que diga que es un fantástico bailarín, cuando en realidad quizás no lo hace bien, o no es para tanto.

Lo mismo ocurre en otros campos. Así, por ejemplo, si no conocemos las reglas ortográficas no podremos saber dónde cometemos un error y, entonces, no seremos conscientes de nuestras limitaciones, lo cual nos llevará a pensar que no cometemos errores ortográficos. De hecho, el efecto Dunning-Kruger se puede apreciar en todas las áreas de la vida. Como prueba, un estudio realizado en la Universidad de Wellington reveló que el 80% de los conductores se califican a sí mismos por encima de la media, lo cual es estadísticamente imposible.

En definitiva, por lo general los seres humanos creemos que sabemos todo lo que es necesario saber. Y eso nos convierte en personas sesgadas que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas, y cuanto más ignoramos, más sencillo es llevar a cabo esta conducta.

Claro que, todo esto casi que lo imaginábamos por experiencia. Lo más curioso de este efecto es su descubrimiento y los resultados de las investigaciones al respecto, que pueden nos indiquen cómo lidiar con él.

Descubriendo el efecto: la máscara de zumo de limón

El descubrimiento de este sesgo cognitivo tiene como origen una historia de lo más divertida. Esta ocurrió a mediados de 1990. En esa fecha se produjo en la ciudad de Pittsburgh un hecho, cuanto menos, sorprendente. Un hombre de 44 años atracó dos bancos en pleno día, sin ningún tipo de máscara para cubrir su rostro y ocultar su identidad. Obviamente, fue atrapado de inmediato. Cuando lo apresaron, McArthur Wheeler, que así se llamaba, confesó que se había aplicado zumo de limón en la cara y que creía que este le haría invisible ante las cámaras. “¡Pero si me puse zumo de limón!”, fue su queja cuando lo arrestaron. ¿Estaba loco?

Más tarde se supo que la idea del zumo fue una sugerencia de dos amigos de Wheeler, quienes bromearon sobre el hecho de que atracarían un banco usando esa técnica para que no los reconocieran. A Wheeler no se le ocurrió otra cosa que poner a prueba la idea aplicándose zumo en su cara y sacándose una fotografía, en la cual no apareció su rostro. Lo más probable es que se debiera a un mal encuadre, pero apara él fue la prueba definitiva, quien decidió llevar adelante su plan.

Esta extraña historia llegó a oídos del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, quien no podía dar crédito a lo sucedido. Después de reírse un rato, pues no es para menos, la noticia le llevó a preguntarse: ¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia? Así es que se puso manos a la obra, junto a su colega Justin Kruger. Lo que hallaron en la serie de experimentos que realizaron los dejaron aún más sorprendidos.

Los estudios

En una serie de cuatro experimentos, estos psicólogos analizaron la competencia de las personas en el ámbito de la gramática, el razonamiento lógico y el humor. A los participantes les pidieron que estimaran su grado de competencia en esos campos. A continuación, debían realizar una serie de test dirigidos a evaluar su competencia real.

Los investigadores notaron pronto que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Aunque es paradójico, las personas más competentes y capaces solían infravalorar sus competencias y conocimientos. Así surgió el efecto Dunning-Kruger. Curiosamente, en el caso contrario variaba el fenómeno. Es decir, las personas incompetentes en cierta área del conocimiento eran incapaces de detectar y reconocer su incompetencia, y por si esto fuese poco, no reconocían la competencia del resto de las personas.

Los experimentos se han repetido y corroborado con el tiempo. Asusta, pero dan la razón a Russell cuando dice que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas. Claro que, hay una buena noticia a este respecto, y es que el efecto se diluye a medida que la persona incrementa sus conocimientos ya que también se vuelve más consciente de sus limitaciones, claro que esto tampoco es fácil. Pero al menos ya sabemos por qué es más fuerte el ruido del tonto y más común el silencio del listo. Ante este fenómeno qué hacer entonces: paciencia, todos somos ignorantes en algo y podemos en algún momento caer en él.

R.D.Morliz