Hannah Arendt: el totalitarismo y el zombi

Existen dos formas de hablar de la realidad, con proposiciones descriptivas y/o a través de la metáfora. A menudo, entre ambas es posible hacer una correlación. Y así ocurre en el caso de la alienación y el totalitarismo en referencia al protagonista de una de las mitologías de la era contemporánea: el zombi.

En “Los orígenes del totalitarismo”, una de las obras más reconocidas de Hannah Arendt, la autora nos habla del círculo vicioso que se retroalimenta entre la alineación de los individuos y la posibilidad de desplegar un gobierno totalitario. En ella la autora describe las características de un régimen de este tipo atendiendo a su forma de legitimación. Si hacemos una analogía entre el contenido de esta obra y la idea moderna de zombi quizás veamos reflejados en ella nuestro propio presente.

Señales de la llegada de la noche de los muertos vivientes

En primer lugar Arendt afirma que el totalitarismo se presenta como una culminación del devenir histórico, del que no es posible escapar. La analogía con el zombi como “reflejo” de una alienación política es clara. El desencadenamiento de la amenaza de los muertos vivientes siempre tiene como característica el contagio incontrolable a través de un mecanismo naturalista. De hecho, el propio zombi está sujeto a ese determinismo. Tanto es así que este personaje no es realmente malo, sigue su instinto, lo que le hace libre de todo juicio moral.

Una segunda característica sobre los sistemas totalitarios es que bajo ellos subyace un cierto sentido de evolución y eliminación del más débil. Esto tampoco es ajeno al tipo de historias. La relación zombi-humano a veces es presentada como la supervivencia de los más aptos. Este aspecto plantea la cuestión de si la evolución naturalista culmina en un proceso totalitario. La alemana respondería con una negativa. Y el zombi nos hace ver que posiblemente esté en lo cierto, ya que la victoria de los zombis sobre la humanidad acabaría con su propia existencia al quedar privados de su fuente de alimentación.

Una tercera pieza del totalitarismo según esta pensadora es el terror . A su parecer, este es un disolvente de estructuras, como las costumbres. Su aparición impide el desarrollo de una vida normal. Si nos pasamos a la “mitología moderna”, ¿ qué ocurre? En las comunidades que resisten a los zombis los roles se intercambian de tal forma que finalmente están también al margen de la moral y orientados a la supervivencia. De esta manera, sin desearlo, parecen haberse contagiado de la misma ley de la evolución de la que escapan.

zombis
Fotografía artística representación de zombis

El resultado es tanto anticipado por la filósofa como seguramente intuido por el lector. Los supervivientes acaban recluidos en pequeños espacios cerrados. Al principio son lugares de protección, pero terminaran transformándose en trampas mortales. La libertad ha quedado finalmente eliminada bajo la bandera de la seguridad.

Esto trae como compañera otra característica resaltada por la pensadora sobre las sociedades totalitarias: el aislamiento. Mientras que en las películas se percibe como un pequeño grupo que está ligado por el miedo. En la actualidad se intuye en una sociedad posmoderna que se une con más facilidad por los pánicos colectivos que por intereses comunes.

En definitiva, en la pantalla de televisión o de cualquier cine, estamos viendo con la aparición de este siniestro personaje una visión extraña de nosotros mismos. Si la mitología de toda cultura ofrece una imagen de ella, reflejando “las sombras” escondidas de la mente colectiva… ¿El parecido entre la sociedad actual y la correlación presentada entre zombis y totalitarismo es sólo ficción?

R. D. Morliz.